La formación del investigador brasileño

una mirada a la Ciencia de la Información

Autores/as

  • Paulo Roberto Fernandes Junior Universidade Federal de Sergipe
  • Martha Suzana Cabral Nunes Universidade Federal de Sergipe
  • Rafaela Ferreira Lopes Universidade Federal de Sergipe

DOI:

https://doi.org/10.34630/xiedicic.vi.6634

Palabras clave:

formación de investigadores, Ciencia de la Información, educación científica

Resumen

El artículo analiza la formación del investigador en Brasil, con énfasis en el área de la Ciencia de la Información, contextualizando el tema a partir del análisis de las inversiones realizadas por el CNPq entre 2015 y 2024. Durante ese período, más de la mitad de los recursos (50,79 %) se destinaron a la formación de investigadores, lo que demuestra su centralidad en las políticas nacionales de ciencia, tecnología e innovación (CTI). El estudio busca comprender cómo se estructura esta formación en el campo de la Ciencia de la Información, mediante una Revisión Sistemática Integrativa de la Literatura (RSIL), utilizando bases como BDTD, BRAPCI y Oasisbr.

La investigación se orienta por cuatro preguntas principales: ¿Qué es la formación del investigador? ¿Cómo ocurre en el área? ¿En qué niveles educativos se desarrolla? ¿Quiénes son los responsables de promoverla? Se seleccionaron siete estudios directamente relacionados con el tema, que fueron analizados cualitativamente.

El marco teórico define la formación del investigador como un proceso no lineal, influido por factores sociales, institucionales e individuales. Aunque lo ideal sería que comenzara en la educación básica, en Brasil suele consolidarse únicamente en la educación superior y en los programas de posgrado, debido a desigualdades estructurales. Fialho (2004, 2009) destaca la importancia de la biblioteca escolar y de la competencia informacional como elementos clave. Siqueira (2023) amplía esta visión al situar al bibliotecario como mediador de la información y agente formador. Assunção y Mattos (2019) señalan el papel del profesor en la educación básica, mientras que Costa (2013) destaca la relevancia de la iniciación científica (IC) en la trayectoria del investigador. Araújo y Valentim (2019), junto con Matos (2017), refuerzan la importancia de la posgraduación y de los orientadores y asociaciones científicas en la consolidación de una masa crítica en el campo.

Los resultados de la RSIL indican que la formación del investigador es un proceso continuo que involucra el desarrollo de competencias informacionales, investigativas y críticas. Debe iniciarse en la educación básica, con el apoyo de profesores, bibliotecarios y familias, y consolidarse en la educación superior, especialmente a través de la IC y del posgrado. Se enfatiza que el alfabetismo informacional debe ser tratado con la misma seriedad que la alfabetización tradicional, como condición para un uso crítico de la información.

En el campo de la Ciencia de la Información, la formación del investigador abarca múltiples dimensiones: la mediación informacional, el uso de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), el desarrollo del pensamiento crítico y la construcción colectiva del conocimiento. La actuación del bibliotecario va más allá del soporte técnico y se convierte en una práctica pedagógica. Proyectos que integran tecnología y producción científica, como el uso del sistema PKP-OCS o podcasts, demuestran nuevas posibilidades formativas.

El concepto de "genealogía investigativa", propuesto por Matos (2017), se discute como herramienta para comprender la evolución temática e institucional de la investigación en el área. Permite visualizar cómo la trayectoria académica de los orientadores influye en sus orientados y refuerza la necesidad de ampliar la diversidad regional y promover la internacionalización. La concentración actual de la producción científica en el sureste de Brasil limita la diversidad regional y el intercambio académico global.

El artículo también detalla los niveles educativos involucrados en la formación del investigador. La educación básica es señalada como una etapa formativa esencial, pero aún poco valorizada. La IC, durante la graduación, se identifica como un hito estructurador que prepara al estudiante para el posgrado. Costa (2013) muestra que los becarios de IC tienen mayor probabilidad de seguir la carrera científica y concluir sus estudios con más eficacia.

Tres grupos principales de actores son identificados como responsables de esta formación: los profesores y bibliotecarios, las familias y las asociaciones científicas. La colaboración entre profesores y bibliotecarios escolares se considera fundamental para desarrollar habilidades investigativas desde las primeras etapas, aunque aún enfrenta barreras estructurales y pedagógicas. Fialho (2004, 2009) señala la falta de comunicación entre estos profesionales como uno de los principales obstáculos.

La familia, a su vez, ejerce un papel estructurante en la formación del investigador, influenciando hábitos, valores y actitudes frente a la información. No obstante, las diferencias socioeconómicas generan desigualdades en el acceso a recursos informacionales y en el apoyo ofrecido. La falta de diálogo e implicación en los procesos de investigación compromete el desarrollo de la autonomía investigativa.

Las asociaciones científicas, como ANCIB y ABECIN, también son señaladas como agentes estratégicos. Promueven redes de colaboración, visibilidad científica, eventos y líneas temáticas de investigación, consolidando la identidad académica y formativa del campo. Su papel es decisivo para construir una cultura científica robusta y plural.

En las consideraciones finales, los autores defienden una concepción ampliada de la formación del investigador en Ciencia de la Información, que no se limite a las competencias técnicas, sino que abarque el desarrollo de una postura crítica y ética frente a la información. La formación investigativa debe comenzar desde la educación básica, articulando los diferentes niveles de enseñanza y valorando el papel de los diversos agentes formadores.

Además, el artículo llama la atención sobre los desafíos estructurales que dificultan la consolidación de una política de formación científica continua y sostenible. Entre ellos se encuentran la desigualdad regional, la concentración de programas de posgrado, la escasa participación de las familias, la baja articulación entre escuela y biblioteca, y la necesidad de una mayor internacionalización de la producción científica brasileña.

El estudio concluye señalando la importancia de estrategias integradas que articulen teoría y práctica, promuevan el aprendizaje activo, incorporen tecnologías educativas innovadoras y adopten instrumentos de evaluación capaces de captar el aprendizaje de forma significativa. Tales elementos son fundamentales para formar investigadores bien preparados, autónomos y comprometidos con el avance de la Ciencia de la Información y con la transformación social.

Publicado

2026-01-13

Número

Sección

Artigos